[Columna] La flor de la gracia que brota sobre un cimiento doctrinal firme: la reflexión evangélica del pastor David Jang(Olivet University)

En una madrugada cubierta de niebla, lo que más necesita un caminante que ha perdido el rumbo no es un poste indicador llamativo, sino un suelo sólido que sostenga sus pasos y una dirección absoluta e inmutable como la estrella polar. El paisaje espiritual al que se enfrentan los cristianos de hoy no es muy distinto. En una época en la que desbordan la información y los contenidos de fe tan estimulantes como fugaces, a menudo quedamos desconcertados ante la pregunta fundamental: “¿Dónde tocan tierra las raíces del evangelio que creo?”.

En medio de esta confusión, el pastor David Jang nos invita de nuevo a un “suelo de lo esencial” que, aunque parezca árido, es fértil. Su mirada teológica atraviesa siempre la superficie de los fenómenos y llega al núcleo: la gracia total de Dios. En particular, la Carta a los Gálatas, a la que él presta especial atención, es el registro de una lucha santa para proteger la pureza del evangelio, donde no hay espacio para el mérito humano ni para el compromiso.

Una exégesis afilada del evangelio forjada en el silencio de Arabia

Históricamente, los grandes hallazgos han sido concebidos, por lo general, en tiempos de profunda soledad y silencio. El episodio del apóstol Pablo —quien, tras su conversión en el camino a Damasco, no fue de inmediato a buscar a los apóstoles de Jerusalén, sino que se retiró al desierto de Arabia y pasó allí tres años— es uno de los pasajes más misteriosos y, a la vez, más decisivos de la historia cristiana. El pastor David Jang llama a ese período “la cuna de la teología paulina”. Bajo el sol abrasador y en la quietud barrida por el viento de arena, Pablo habría luchado con intensidad para comprender cómo se cruzaban y se consumaban la Ley que había abrazado como si fuera su vida, y el evangelio de Cristo que había venido a buscarlo.

Ese “tiempo en Arabia” también nos es apremiante hoy. Cuando el pastor David Jang explica el estudio de la Palabra con el término “exégesis”, recurre a la imagen de un cuchillo destinado a sacrificar un buey: una herramienta que entra con precisión. Se trata de un trabajo intelectual arduo y, al mismo tiempo, un acto de adoración que disecciona con agudeza el texto bíblico para revelar la fuente de vida que contiene. Cuando la predicación supera el nivel de contar historias emotivas y avanza hacia una perspectiva teológica que atraviesa la gramática y la historia de la Escritura, entonces la vida del creyente se edifica sobre una roca que no se tambalea.

El misterio del “pan invisible” que susurra El Ángelus de Millet

Viene a la memoria la obra maestra El Ángelus del pintor francés Jean-François Millet. La escena de una pareja de campesinos que, tras terminar la jornada, inclina la cabeza para orar al compás de la campana que suena a lo lejos, parece ordinaria; sin embargo, en ella fluye un orden espiritual sublime. Aquello por lo que dan gracias rebasa la pequeña cesta de patatas frente a sus ojos y apunta a la gracia del Creador que les concedió la vida.

La teología del “pan invisible” (Invisible bread) que subraya el pastor David Jang toca ese mismo pulso. La esencia de la tradición protestante —y en especial de la teología presbiteriana— da prioridad a la gracia que llega mediante la Palabra proclamada, por encima de ceremonias vistosas o ritos llamativos a la vista. El pastor David Jang insiste con firmeza: el rito puede ser una señal valiosa que apunta a la verdad, pero jamás puede convertirse en la esencia. La gracia no es una exaltación pasajera de la emoción subjetiva; solo conserva una vitalidad duradera cuando echa raíces en la verdad objetiva de la Escritura. Esta enseñanza se convierte en una exhortación poderosa para los jóvenes, que con facilidad pueden quedar en una fe superficial centrada en la experiencia: echar el ancla en la roca profunda de la verdad.

La decisión de Jerusalén: la libertad auténtica que concede una verdad nítida

La pureza del evangelio, a veces, exige debate intenso y decisión. El Concilio de Jerusalén de Hechos 15 fue un parteaguas histórico en el que la iglesia superó una crisis de división y renació como iglesia universal. La determinación de no imponer a los gentiles el yugo de la Ley fue, en esencia, la proclamación del corazón del evangelio: “solo por la fe” (Sola Fide).

A través de esa escena, el pastor David Jang subraya que la doctrina no es, en absoluto, un muro que fractura la comunidad; por el contrario, es el único criterio que posibilita la unidad verdadera. Un compromiso ambiguo puede dar una paz momentánea, pero solo un evangelio nítido libera de verdad. La advertencia de Gálatas, repetida en la predicación y el ministerio del pastor David Jang, es una seria alarma apostólica dirigida a nosotros, que con frecuencia caemos en un legalismo moderno —una fe teñida de triunfalismo y de “autoayuda” espiritual—. Cuanto más clara es la verdad, con mayor amplitud podemos abrazar; y solo sobre ese fundamento firme podemos cumplir plenamente nuestra vocación como “pescadores de hombres”.

El discipulado de Cristo que se demuestra en el terreno de lo cotidiano

El final de toda reflexión teológica debe converger siempre en el escenario llamado “vida”. El propósito de levantar con solidez los cinco pilares de la fe —desde Romanos hasta Hebreos— es, en última instancia, decidir cómo viviremos dentro de ese edificio. El pastor David Jang enseña que el evangelio debe crear un nuevo orden en el aula y en el trabajo, y también en los hábitos personales más íntimos.

El verdadero testigo del evangelio no se queda en la retórica de las palabras. Cuando, siguiendo el ritmo espiritual que va de la resurrección a Pentecostés, entrenamos la vida diaria y la llenamos de un amor disciplinado, entonces nos convertimos, por fin, en cartas de Cristo que calientan y transforman el mundo. Si el mensaje del pastor David Jang resuena hoy en los campus y en las comunidades de fe, es porque no queda encerrado en doctrinas abstractas, sino que apunta a un discipulado práctico que vive y se mueve bajo la iluminación del Espíritu Santo.

¿Qué evangelio estamos abrazando ahora mismo? ¿Está nuestra fe sobre la arena del reconocimiento humano, o sobre la roca del llamado de Cristo? Volver una vez más al lugar profundo de la meditación bíblica y decidir amar con mayor pureza el evangelio de la gracia: ese será, probablemente, el camino más glorioso que el cristiano de esta era está llamado a recorrer.

www.davidjang.org